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jueves, 24 de abril de 2008

Buscando caminos: La Chapada Diamantina

El esfuerzo autoimpuesto que significa un treeking (la “caminata” de antaño) tiene efectos sobre uno mismo que a veces son difíciles de entender, “¿para qué tanto sufrimiento?”, piensas subido a esas cuestas. Esto es absurdo para el que no le gustan e innecesario de explicar para el que las haya disfrutado. Ahí va, sin embargo y con la ayuda de algunos amigos, algo que le puede dar sentido...

“Esta mañana no profeso ninguna religión específica. Mi dios es el dios de los caminantes.Si caminas mucho, es probable que no necesites otro dios". Bruce Chatwin "En la patagonia”, tomado de mi amigo Juanlu y de mi Irmi.

Y es que andando se crean muchas emociones, algunas similares a entrar en una iglesia luminosa y tranquila. Paz, sosiego y no sabes porqué, pero a veces, incluso, sonries sin querer. Miras a un horizonte de limpio azul y notas como las ideas frescas entran. Así, en cada pasito y a lo largo de nuestras andaduras, buscamos esos momentos. En Brasil, rodeados de montañas, volvieron a aparecer.Los caminos dan inmejorables momentos de charla. Momentos en los que se comparten recuerdos, anhelos, preguntas que se van respondiendo con la cadencia del paso, lentamente en las subidas, a saltos y trompicones en las bajadas. Momentos para, sintiéndote libre porque nadie más escucha, hablar contigo mismo y alabarte o afearte el oído. Surgen así nuevas amistades como Carlihnos, nuestro guía, y Tania, nuestra aventurera australiana que con 2 vueltas al mundo a sus escasos 24 años, dan tanta admiración como envidia. Claro que no todo es bueno, pero las charlas ayudan a rebajar los baches del camino. Limitan el aburrimiento en las interminables llanuras y alisan las cuestas con las palabras de aliento. Pero sobre todo se fabrican discursos y pensamientos en torno a cada recodo y tras cada peñasco, y como diría Guti se descubre “que desde lo más alto se puede ver lo nuevo, lo que nadie puede ver. No os quedéis sin subir montañas, sin viajar en aparatos que os eleven, porque desde arriba todo es diferente”.Lo intentamos en la Chapada Diamantina, subiendo a cascadas, durmiendo en cuevas y comiendo directamente desde el fuego de una hoguera. Y, sin duda, lo conseguimos.

Salvador en sueños

Soñar con ciudades nunca visitadas y de nombres sugerentes es un juego en el que uno participa de vez en cuando. Creo que Salvador de Bahía es un peso fuerte en la lista. Famoso por su carnaval, al igual que Río, pero más calurosa, más arriba, más negra, más ruidosa (o no?), más tribal, más africana (la antigua esclavitud obliga), más animista...Y donde se pueden encontrar calles adoquinadas que acompañan con el tam-tam de un ruidoso martes-noche en Pelourigno (aquí se cambian hasta los días festivos) a una masa ingente, cuan manifestación por una música sin barrera ni prejucios (ni quejas vecinales, aparentemente), que te arroya, te enguye, te atrapa y te seduce a seguirles a golpe de caderazo, va y viene. En esa catarsis de locales y ajenos, donde la piel no importa, ni tan siquiera si das el buen paso en los trepidantes ritmos, se pueden dejar pasar elementos que permiten recordar la realidad que se vive, sin duda, más dura...niños (meninos) hechos hombres recogiendo lo que otros despercian, ajenos a toda comparsa, sorteando cada pie, vestido o descalzo, con asombrosa habilidad. Niños que ejercen de rateros que, compinchados con otros niños y no tan niños, seducen al encandilado turista despistado que, a su vez, mira los ojos de impresionantes niñas, hechas prontamente mujeres, que conversan con canosos personajes. Un ir y venir continuo, de todo tipo de individuos de diverso pelaje que, desde el crepúsculo hasta que el cuerpo grite basta, van calle arriba calle abajo, como si de un pase de Cibeles se tratara, dejando una estampa tan caótica como rimbombante. Esta fue nuestra postal de recibimiento. Martes noche en el barrio de Pelorigno.

El resto por supuesto interesa, las casas, una vez más, coloniales, el aire a ciudad lisboeta venida a menos con azulejos en las fachadas, sus ascensores y sus tranvias en empinadas calles que muestran relucientes y llamativas vistas, sus museos contemporáneos envueltos en aires europeos, sus favelas (aquí también) que rodean ricos edificios acristalados y vuelven a mostrarnos los contrastes, sus playas de arena, largas, interminables...

Así, todo se funde, personas y paisajes, y dar forma real a esos sueños que algunas veces esperamos...y a veces llegan.

Besos pa tos

Fútbol: cultura o deporte?

El fútbol, ese gran fenómeno de masas que remueve los instintos de todas las clase (los malos y los buenos, por suerte) es algo que tanto Irmina como yo solemos ver desde lejos, pero la unión de palabras como “Brasil”, “Maracaná” o “Flamingo”, a cualquiera le hacen, al menos, querer vivir los porqués de tanto grito frente al televisor.

La experiencia no defraudó. Elegido el equipo y su hinchada (la que más sufría-disfrutaba, por supuesto), sólo había que agitar brazos, puños y gargantas al son de tonadillas incomprensibles pero muy rumbosas, y entre pase a la banda y saque de córner, nos ibamos contagiando de la pasión, cercana a veces a la histeria, con la que los brasileños viven esto. Parecía como si toda la grada cogiera el balón y como el famoso jugador número 12, empujaran a los otros 11 a correr más y más rápido. Y llegaron los goles...

El resultado final, en el último minuto de la segunda parte de la prorroga, 3-2. Por suerte estabamos con los que marcaron los tres...

Después de la simbiosis vista entre el personal y su deporte "rey", quizás Brasil no es el mejor lugar para resolver la eterna disputa... Alguna opinión entre el respetable?

Besos y abrazos a tos.

Pd: esto va pa mis queridos “futboleros”, que estuvieron en mi mente todo el tiempo (cuánto hubierais disfrutao!) y a los que, pese a las jornadas interminables a las que me someteis, quiero una jartá. Un abrazo chavales!!!

jueves, 17 de abril de 2008

Ala Río!

Algunos ya lo sabreis...pero para otros (sobre todo la familia) siempre preferís no saberlo... Nuestro viaje nacía con espiritu aventurero y “retarnos” de vez en cuando pertenece a ese espíritu. Así que nos planteamos que mirar desde arriba Rio de Janeiro tenía que ser una sensación increible...Y nos adentramos a ello!!

Sensación de libertad, de riesgo, de sobrecogimiento, con impresionantes vistas del mar, las montañas, las nubes...Es algo que no se explica facilmente con palabras, y esta vez, tampoco con imágenes...A nuestra llegada una sorpresa resuelta entre buenas risas (como ya ocurrió en otros lugares más "indios", ¿alguien se acuerda?...) ahí estábamos, intentando explicárnos en nuestro portognol...

Pd: Familia...todo bien, todo seguro!

lunes, 3 de marzo de 2008

Oh linda!!

Brasil tiene un pasado colonial muy importante que ha dejado una huella histórica, cultural, mestiza y también arquitectónica. Olinda, pequeña localidad declarada patrimonio de la humanidad, forma parte del término municipal de Recife.

El título de esta entrada parece solamente uno de mis “chistes”, pero fue la frase que exclamó el donante de la tierra donde se planeaba esta ciudad: ¡Oh linda localización!, la que le dió nombre.

Mis padres siempre me dicen que pare de viajar y ahorre para una casa, que dentro de poco no me va a quedar nada por conocer. Pero cuanto más viajo, más me doy cuenta de que no tiene fin. Sobre todo cuando al terminar un viaje, comienzo a planear el siguiente. Olinda rescata de mi memoria fragmentos de la Habana Vieja, Trinidad de Cuba, Antigua de Guatemala, Granada de Nicaragua, Coimbra de Portugal...Iglesias barrocas, casas de estilo colonial, aceras empedradas como para torcerle el tobillo a cualquiera, cabinas de teléfono tipo sombrilla de alegres colores, pintadas de batucadas carnavaleras, cientos de campanarios asomados a la Bahía de Recife, tienditas perdidas adornadas con azulejos portugueses y amplios patios de grandes palmerales... Y no son sólo estos recuerdos los que me producen este enganche. También es el placer de moverse de un lado al otro sólo con una mochila y una guía, las conversaciones con viajeros de otros países, unas palabras cruzadas con un nativo en la cola de la compra o en la barra de un bar, descubrir nuevas gastronomías y extraños mercados, conocer de cerca otras realidades sociales, culturales y políticas, vivir al día, compartir cuarto de literas como con mi hermana cuando eramos pequeñas, disfrutar de un bocata de atún o de una ensalada en una palangana...aunque después de todo, ¿qué sería de los viajes sin la gente con la que viajas? Mucho más importantes que el destino. Gracias a todos mis compañeros de viaje, a los que se iniciaron conmigo y con los que sigo soñando parajes.

jueves, 28 de febrero de 2008

Lazy Days

Brasil es mítica por sus playas y no decepcionó. La Canoa Quebrada se encuentra al norteste, muy cerca de Fortaleza, para que os ubiquéis, justo en la zona donde su costa comienza a horizontalizarse. Esta pequeña población hizo que nuestra mente se sintiera un poquito entre el Caribe y Tarifa (y es que ¡¡qué bonito es Cádiz!!). Nos alojabamos en una cabaña donde se mecía una hamaca desde la que sentir la brisa marina. Su arteria principal era la calle Broadway, llena de bares y restaurantes, tenderetes novo-hipies (desde cuando en éstos se venden bragitas de diseño a precio europeo ¡¡Vanesa, tía, te habrían encantado!!) y puestos de comida y bebida muy baratos. Para los brasileños es caro consumir en los locales y bares habituales, razón por la que en toda zona de ambiente que se precie surgen puestos donde te ofrecen desde un aperitivo hasta copas. El resto de sus callejas eran muy tranquilas, sin peligros, donde no hacía falta estar alerta. El problema de la violencia es muy importante en Brasil, no sólo para los turistas. Las grandes diferencias socioeconómicas que persisten son el factor principal y el caldo de cultivo perfecto. Muchas imágenes duras de meninhos da rua y casas favelistas, por ejemplo, te hablan de esta realidad. Sin embargo, los habitantes de la Canoa te explican orgullosos que su pequeño núcleo urbano parece escaparse de ésta. Probablemente los ingresos del turismo han ayudado al desarrollo de su gente.
Por otro lado, están sus playas, sus inmensas dunas sin fin extendiéndose no sólo hacia el litoral sino hacia en interior. Unos metros más allá de la arena se alzaba la quebrada color ladrillo que da nombre a esta localidad. Pescadores y sus barquitas salpicando sus aguas, gente practicando flysurf o parapente, terrazas donde deleitar el paladar con pescado fresco, beber cachaza, o dejarse llevar por el reggae o simplemente por los días...Lazy time, lazy attitude: ¡¡viva la vida!!.

viernes, 22 de febrero de 2008

Xxio de Ssaneiro

La lengua portuguesa es una de las primeras cosas que nos sedujo de Brasil. ¡¡Jorge hasta se compró un diccionario!!. Y de aquella manera nos lanzabamos los dos "a falar", como sólo lo hace uno cuando un idioma se parece tanto al propio (aunque eso provoca que a veces digas cada burrada...). Desaparecen las rimbombantes y castizas erre, jota, zeta o ché abriéndose paso la exis más sensual, la resbaladiza ese líquida y, a una calidez difícil de describir si no es escuchando a Marisa Montes, María Betania o Vanesa da Mata (nuevo descubrimiento muy recomendabla para los que os guste la música brasileña) . Río de Janeiro, al igual que Brasil, es una ciudad alegre que sugiere continuos contrastes. Gran diversidad racial con una mayoría mestiza, muchas diferencias socioeconómicas concentrándose la riqueza y la representatividad politica en la raza blanca, lujosos edificios con piscina frente a alguna las favelas más grandes del país, la sexualidad de sus comportamientos y la provocación en las vestimentas conviven con imponentes símbolos religiosos como la estatua del Cristo Redentor dominándo la ciudad o la catedral con sus 60 metros de vidrieras de colores (que hasta a nosotros nos invitó a la meditación transcendental...), su contagiosa simpatía y la peligrosidad de algunos de sus barrios, edificios de estilo colonial y enormes rascacielos...todo forma parte de la misma moneda. A mi me emocionó pasear por las playas urbanas que dan nombre a tantas canciones famosas como Ipanema o Copacabana, me resultó muy atractiva la ambivalencia de sus caras y me ayudó a iniciarme, al ritmo de la samba y la caipiriña, en este gran país. PD: gracias Pilá por los saludos para la "miembra" del viaje que se ha quedado sola en EEUU. Un poquito de desintoxicación siempre viene bien, ja, ja, que sino de estar todo el día juntos nos vamos a aburrir o ¡¡algo peor!! A ver si sale bien lo de tu madre Jorge, ¡¡qué te echo de menos!! Vuelve prontooo...

jueves, 21 de febrero de 2008